Solimán y Peña Nieto

admin 1 diciembre, 2017 0

 

Existen momentos en la vida de algunos gobernantes en los que deben tomar la decisión más importante de su mandato, y de su vida: la de elegir a su heredero político o al candidato que buscará sucederlo. De equivocarse en su elección, no sólo estará en riesgo la preservación de su legado (incluso, su libertad o vida misma), sino el futuro del país (o imperio), que puede entrar en crisis, anarquía o guerra.

La serie El sultán, éxito mundial que transmite Imagen Televisión, rememora la historia de Solimán el Magnífico (1494-1566), quien engrandeció el imperio otomano durante 46 años. Bajo su sultanato, se hicieron importantes conquistas en Europa, África y Asia, y los turcos dominaron el Mundo Árabe, el Mediterráneo y el mar Rojo, y constituyeron un excepcional desafío a los Habsburgo.

Pese que a Solimán tuvo fama de “justo” y “sabio”, por su obra legislativa y acertadas decisiones (entre otras razones), cometió un error garrafal al escoger al heredero del imperio. En lugar de elegir a su primogénito Mustafá, quien se había distinguido como gobernador y militar, desconfió de él, y prefirió a su hijo Selim, quien desde joven era libertino e incapaz para la guerra. El libertinaje e incompetencia de Selim II (1566-1574), “el borracho”, degradó la institución del sultanato, lo que fue aprovechado por visires y concubinas para debilitar su poderío, y por sus enemigos para arrebatarle sus conquistas. Fue el final de la era dorada turca.

En México, el presidente Gustavo Díaz Ordaz se arrepintió por destapar a Luis Echeverría como su sucesor, reconociendo tardíamente su error. Si Díaz Ordaz fue humillado por Echeverría, para la nación su presidencia fue desastrosa: acabó con el desarrollo estabilizador y de crecimiento sostenido, degradó aún más la institución presidencial, e inició al ciclo de crisis sexenales, que nos azolaron durante una generación. Fue el final del milagro mexicano.

En ese entonces el dedazo del presidente era todopoderoso, pero desde que se instaló la alternancia su elegido deberá competir con otros candidatos y partidos. En la actual coyuntura, para José Antonio Meade el proceso electoral será muy cuesta arriba: tendrá en contra la impopularidad presidencial y del PRI, la incertidumbre del TLCAN, la volatilidad cambiaria, el precario crecimiento, el malestar social, el descrédito institucional, la boyante corrupción, el incremento de la inseguridad y la violencia. Esta situación pone en desventaja a Meade frente a AMLO, quien lleva la delantera por su campaña ilegal (ya fue denunciado por actos anticipados), además de que enfrentará a Ricardo Anaya, quien es un excepcional polemista, y hasta ahora, “político invencible”.

¿Cómo saber si Meade era el mejor presidenciable entre los posibles? Con su tradicional pragmatismo, Peña valoró las cualidades de aquél sobre los otros secretarios de Estado, aunque también, seguramente consideró sus debilidades, de que no fueran mayores a sus virtudes para “la guerra que se avecina”. ¿No se decía de Beltrones “que sería un buen Presidente, pero mal candidato”? Cuando se espera una campaña feroz, aguerrida y sucia entre marrulleros y rudos, con más tablas en lides electorales y debates televisivos, y que competirán en propuestas populistas, el perfil más técnico de Meade puede ser un fuerte hándicap para derrotarlos, a menos que sepa eludir y dar los mejores golpes.

Pero de perder Meade, no faltará quien diga “que Peña se equivocó en su decisión”, porque se dejó “mangonear por Videgaray” como Solimán por su esposa Hurrem.

 

ENTRETELONES

Mario Velasco es uno de los fuertes prospectos para la Fepade.

                Twitter: @evillarrealr

 

 

Columnista: 
Imágen Portada: 
Imágen Principal: 
Send to NewsML Feed: 
0

Excélsior – RSS

Leave A Response »