Ni el Estado fallido de Peña Nieto ni el Leviatán de López Obrador

admin 23 enero, 2018 0

 

Es entonces que, para superar tal estado de naturaleza, la guerra permanente y el abuso, Hobbes propone el Leviatán. Es decir: a un ente, una soberanía (que puede ser un individuo o una asamblea) desde la cual se puedan crear las leyes y con la cual, por la fuerza que detenta, se puedan aplicar con rigor e imparcialidad. Con el Leviatán, es decir, con el Estado, la humanidad podrá pasar al de la sociedad civil, al del interés general.

Utilizaré esta apretada sinopsis sobre la obra del filósofo inglés para construir la analogía que enuncia este texto.

Parecería entonces, siguiendo tal analogía, que hoy en México vivimos en estado de naturaleza; que no hay Estado ni autoridad civil; que la sociedad mexicana actual se debate entre la desigualdad, violencia, abuso y atropello; parecería que no hay leyes y que, aunque las hubiera, no existe la autoridad para aplicarlas; que la única norma prevaleciente es la imposición del interés del más fuerte, del más violento, más abusivo, más transgresor sobre el derecho del más débil y sobre el que desea la paz. En esta situación, urge entonces restablecer la legitimidad y la fuerza del Estado; urge la reconstrucción de la sociedad civil, de su entramado constitucional y legal, para que, con todo ello, los mexicanos podamos vivir en paz, sin violencia, en un marco de justicia y civilidad democráticas.

Ciertamente, nos urge la presencia, la vigencia del Estado, pero con la misma urgencia e importancia requerimos definir cuál es el tipo de Estado que nuestra sociedad precisa.

¿Necesitamos al Leviatán monstruoso, autoritario y sostenido en visiones morales y religiosas? ¿Al Estado autoritario, condensado en un solo individuo? ¿Necesitamos de un individuo que se asuma —desde su concepción totalitaria— como el Estado? ¿Necesitamos a un rey o a un caudillo personificando al Estado?

¡No! Ante la ausencia del Estado, México no puede tener, como única alternativa, el regreso al Estado autoritario.

¡No! Nuestro país no puede suplir a un Estado débil e incapaz como el que deja Peña Nieto con un Estado sintetizado en un autócrata como el que propone López Obrador.

En sentido sustantivamente diferente, los mexicanos debemos contribuir a contar con un Estado fuerte, porque su fortaleza se sostiene en el respeto irrestricto a las leyes; aspirar a una República de equilibrio y separación de poderes, antes que al caudillo que busca gobernar desde la soledad de sus delirios; anhelar un Estado constitucional por sobre el voluntarismo del cacique; comprometernos en favor del cambio que signifique un Estado democrático, social y de derecho, y no la restauración del presidencialismo autoritario, ineficaz y corrupto.

Hobbes, como lo señalamos antes, suponía que el Leviatán podría ser una asamblea —como sucede en los regímenes parlamentarios o en los gobiernos de gabinete—, pero sabemos que su idea de soberanía recaía en entregar el poder, de manera absoluta, a un individuo, a un monarca. Sin embargo, si tan sólo nos atenemos a la historia, ello ha resultado en grandes fracasos y tragedias, como la de “El Estado soy Yo” que encarnó Luis XIV.

En nuestro país, el gobierno de un solo individuo —sea el emperador, el caudillo, el cacique, el presidente autoritario— ha derivado, desde el punto de vista político, hacia las dictaduras y hacia los mayores desastres en la administración pública.

¡Ni el Estado fallido de Peña Nieto ni el Leviatán lopezobradorista!

 

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