Reforma Educativa. La hora de la verdad

admin 21 febrero, 2018 0

 

Como decía con razón el Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz, la modernidad no es ni una bendición ni una maldición, sino un destino. Si México quiere ser, tiene que ser moderno. Esto pasa por su inscripción en los paradigmas predominantes en el concierto de las naciones: Productividad, competitividad, libertades políticas y derechos humanos.

La retórica incendiaria o las componendas con el statu quo son enemigas mortales de la modernidad porque enmascaran los verdaderos problemas en pos de votos fáciles y arreglos temporales. No es con voluntarismo ni por decreto como se atienden los grandes problemas del país. Se requieren reformas profundas.

Para alcanzarlas, los organismos internacionales especializados plantean estudios y recomendaciones a los países, destacando por su importancia los relativos a la educación. En México, durante el siglo XX, la idea que se desarrolló fue la universalización de la educación: Más escuelas, más profesores, más universidades en todo el país, en todos los estados. En las condiciones actuales, el reto es incrementar la calidad de la educación y permitir que sea un instrumento de productividad y de ascenso social.

La Reforma Educativa, que se concretó gracias al Pacto Por México, fue sin duda uno de los momentos más virtuosos de cooperación entre PRI, PAN y PRD. Aunque ahora lo quieran matizar o endulzar, en su momento AMLO y Morena pintaron su raya desvirtuando con claridad los objetivos de la reforma y anunciando que, de ser gobierno, darían reversa a los cambios que se habían obtenido.

Haciendo a un lado la mezquindad política de siempre, la Reforma Educativa logró un cambio estructural que esperemos nunca sea revertido: Invertir la pirámide de la toma de decisiones y volverla más abierta, participativa y democrática. En momentos electorales, cuando muchos asuntos importantes se olvidan por la fiebre de la demagogia, es primordial recordar los objetivos centrales de la Reforma Educativa:

  • Autonomía de gestión escolar. Las escuelas deben tener la capacidad de gestión para realizar sus funciones y las autoridades, la obligación de proporcionarles los recursos necesarios para cumplir con su cometido.
  • Participación de los padres de familia. Al ser los principales responsables de la educación de sus hijos, tienen el derecho de organizarse en cada escuela para participar activamente en su funcionamiento.
  • Servicio Profesional Docente. Se recomponen las vías de acceso al magisterio para propiciar la incorporación de quienes se encuentren mejor preparados.
  • Instituto Nacional Para la Evaluación de la Educación. Se crea el INEE, entidad encargada de evaluar la calidad, el desempeño y los resultados en la educación básica y media superior.
  • Evaluaciones del magisterio transparentes, objetivas y justas.  Se construye una evaluación más objetiva, equitativa y útil a partir de la identificación de las capacidades que todo docente debe tener. Esclarecer esas cualidades permitirá definir criterios y niveles de logro que distingan diferentes dominios de la profesión docente.

BALANCE

La Reforma Constitucional y las leyes secundarias son sólo la puerta de entrada a una nueva autopista de competitividad. México no puede darse el lujo de conducir hacia atrás o hacer escalas en este viaje donde llevamos décadas de demora. Llegó la hora de la verdad. Es fundamental que los candidatos presidenciales digan sin rodeos cuál es su posición en torno a esta trascendental reforma. No se vale “robalear”.

Tiene mucha razón Leo Zuckerman, en su columna del pasado lunes en Excélsior, López Obrador se ha aliado con los dos perdedores de la Reforma Educativa: Elba Esther Gordillo y el sindicalismo más radical representado por la CNTE. No nos engañemos, aunque ahora se busque matizar, ambos le van a exigir que eche atrás la reforma. Eso sería una tragedia para México.
 

 

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